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Paradoja Reiki: ¿Abrir los chakras o comprar una chacra? PDF Imprimir E-Mail
escrito por Santiago Lerena   
viernes, 14 de julio de 2006
Insipi-Do. Estaban las imposturas sentadas a la mesa del bacanal donde, felizmente reunidas, se zampaban un cándido tras otro mientras conversaban animadamente de su propia historia.
-Se creen cualquier cosa -comentaba jocoso el Tarot-, yo les digo que Hermes Trimegistro me encontró escrito en las pirámides.
-Je, je, je... ¡Que jugador!... -festejaba la Astrología- ¡Yo tengo evidencia recolectada desde Babilonia, me inventó toda la mesopotamia!
-¡Jua, jua, jua... pará que me atraganto! -carcajeaba la Quiropraxia mientras, efectivamente, se atragantaba con una costillita de crédulo.
-Je, je, je... Muy bueno, che... -reía la Rabdomancia mientras se secaba las lágrimas- ¿Y vos, Reiki, de donde saliste?
-Bueno.. -murmuró el Reiki tímidamente, como en una disculpa- muy bien no se sabe... No tenemos muchos datos...
-¡Este es un trucho de ley! -gritó la Dianética mientras alzaba emocionada (y un poco ebria) su copa- ¡Ni curriculun tiene! Con la formalidad característica de los orientales, el Reiki agradeció tímidamente las carcajadas y el aplauso generales.

En efecto, a diferencia de otras imposturas, que recurren una y otra vez a “probar” su veracidad mediante un retrotraernos a los días cuando reinaban, el Reiki prefiere tender un discreto kimono de silencio sobre sus orígenes. Como no pueden inventarse un pasado lleno de gloria porque la contemporaneidad de los sucesos dificulta las falsificaciones, los reikistas optan por murmurar que “mucho no se sabe”. Para desgracia de los charlatanes, se hace cada vez mas difícil inventar una leyenda con que deslumbrar sonzos. Y es que la historia del Reiki es tan simplona, tan tediosamente similar a tantas otras quimeras místicas, que narrarla opaca el tinte sabio y luminoso con que sus adeptos pretenden investir a este “arte de sanación natural”.

Alrededor del año 1914, totalmente a contramano del resto de un imperio que vivía momentos de expansión y asimilación de nuevos conocimientos, un ignoto doctor en literatura aprendió los rituales de sanación por imposición de manos del budismo -milenaria técnica sumamente efectiva para enriquecer con cadáveres el pedregoso suelo japonés- y, como a fin de cuentas un doctorado en letras tenía, modificó algunos caracteres de escritura hasta convertirlos en intelegibles; con la pretensión de “descubrir” en estos garabatos algo así como unas mandálas japonesas, símbolos mágicos y sagrados cuya evocación y pronunciación servirían para “canalizar” la “energía universal”. Un simple refrito de lo mas ineficaz del budismo y lo mas delirante del brahmanismo, como involución hacia la “armonía natural” de la cual el pueblo estaba huyendo en masa desde finales del 1800, con la apertura de las fronteras y la llegada de la medicina. Llamó a esta impostura “Sistema Usui de Sanación Natural” (Usui Shiki Ryoho); título poco honesto, ya que el Reiki no sana de ninguna enfermedad y no es de ningún modo “natural”; aunque si es cierto que Usui es el verdadero apellido de Mikao Usui, el Hipócrates de esta fábula.
Usui no logro pulir su técnica lo suficiente como para llegar a viejo y así perfeccionar su sistema como para permitirle envejecer, una gran paradoja zen de un gran maestro, sin duda; si no, ¿Por qué habría de morirse a los 62 años el poseedor del método de sanación mas poderoso del universo?

Tora!Tora!Tora!

En una sociedad enamorada de la superstición como es la japonesa, plagada de cultos, templos, dioses, ídolos, ritos y amuletos, la opaca propuesta de Usui se perdió como el sonido del viento entre los bambúes; esta es la parte que los charlatanes rellenan con todo tipo de disparates donde Usui participa en milagros, cura enfermos a rolete, es un héroe sanador durante el terremoto de 1923 y hace tanto bien al imperio que el emperador Yosihito le otorga un honoris causa. Indudablemente ocurrieron milagros, pues a pesar de tantos y tantos enfermos sanados, los médicos japoneses ni se enteraron... o bueno, quizá si lo hicieron, pero lamentablemente “todos los documentos al respecto se perdieron en la guerra”; guerra en la que además de las evidencias, la ciencia perdió también la memoria, y ningún medico logra recordar como se hacía eso de curar a distancia.
Sin llegar mas lejos, el Reiki -una palabra japonesa genérica que sirve para nombrar muchas formas distintas de sanación- se diluyó entre las cientos de “escuelas” japonesas que enseñan como curar “naturalmente”; es decir, que instruyen sobre como ayudar a que la gente muera por causas evitables, o por lo menos, mas rápido que en manos de un medico. De hecho, si no fuera por el enorme esfuerzo de la señora Hawayo Takata, ni siquiera sabríamos que existe esta versión ochocientos mil cuatrocientos diez y siete de la vieja patraña de curar con las manos.

Hawayo, una hawaiana mucho mas imaginativa que sus maestros, se curó milagrosamente en la clínica de Chujiro Hayashi –discípulo y sucesor de Usui- de una enfermedad mortal indefinida, prodigio que la convenció de instruirse en el sistema; años mas tarde, sin más credencial que sus dichos, regresó a Hawaii y se autoproclamó Master, Sucesora Única Universal del Sistema y reformista. Nadie hizo mucho escándalo, pues a fin de cuentas, Hawayo no le estaba haciendo a Usui algo diferente a lo que él había hecho a los budistas.

En 1940 Hawaii tenía mucho Hula-hula, pero era territorio norteamericano militarizado y las cosas eran muy distintas a Japón; Takata mimetizó perfectamente: infló y occidentalizó el ritual, lo transformó en un sistema de grados y escalafones y lo volvió groseramente capitalista. Con todo, el “sistema” y su “clínica” –así llaman los reikistas a cualquier habitación con algunas camillas de masaje, un proverbio japonés colgado en la pared y una nube de incienso- no causaron el menor impacto en la tasa de sanidad local y la sanadora hubo de esperar treinta años para que, con la llegada del turismo beatnick de los ‘70, comenzara a prosperar el negocio; mientras tanto, sanó, inició y cobro (vini,vidi, vici) a sus parientes, amigos y vecinos. Si, como los vendedores de detergente.
Pero Hawayo posee para si el blasón de ser la autora de la única parte del Reiki que verdaderamente lo hace a uno saltar de la silla: el precio.

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Usui decía que “Mi Reiki Ryoho es un método original basado en el poder intuitivo del Universo”, “Este poder –completa Takata- es insondable, inconmensurable y por ser una fuerza de vida universal, es incomprensible para el hombre.” Es decir, el Reiki está basado en que un iniciado en el sistema puede “canalizar” (esto es, capturar como una antena y re-transmitir) una energía inexplicable de olímpico poder que nadie comprobó nunca, a pesar de que “todo ser viviente está recibiendo esta bendición diariamente; despierto y dormido". Este fantasma, aplicado con las manos sobre las zonas correctas, “complementa cualquier terapia y en general optimiza los resultados, disminuyendo los efectos secundarios de medicamentos y otros tratamientos modernos”, y puede “dar relajación a los músculos tensionados, disminuir el dolor, acelerar el tiempo de sanación de huesos y heridas, disminuir el compromiso de tejidos en quemaduras y magulladuras y mucho más.” Mucho mas que comprende la “sanación de vegetales y animales” y la maniobrabilidad energética en distancia y tiempo, pudiendo uno “sanar” a una victima del Katrina sin moverse de su casa o aliviar las quemaduras de las futuras víctimas de incendios, por ejemplo; pues aunque parezca chacota -en la impunidad de la trasmisión verbal- el reikista escucha que el Reiki es beneficioso para todo, a cualquier distancia y tiempo, y sus adeptos no vacilan en prometer fuera de cámara alivio y mejora hasta para las vidas pasadas. Aunque ninguno de los muertos que hablan ha podido presentar evidencia de científicos de la antigüedad que corroboren esto.
Siendo entonces que la maravillosa energía vital universal está allí, fluyendo libremente para bienestar de todos, y que Usui dijo “Sé bondadoso con toda criatura viviente” y “la razón para liberar mi método al público es ayudar a la gente con las enfermedades del cuerpo y de la mente”, se vuelve “insondable” también, el por qué para obtener una licencia de pesca en este río de bendiciones hay que desembolsar U$S 10.650; cifra monstruosa que en 1940 podía pagar un cadillac de lujo y que multiplicada por la veintena de maestros que inició, nos revela que durante 1940 y 1980 se pagaron en concepto de peaje energético universal mas de U$S 200.000 a esta señora. Aunque se pretenda que “El Alumno aprende un entendimiento mas profundo de la energía del dinero y de su disposición y compromiso con Reiki”, porque el dinero como ”elemento une el mundo material con el no material ofreciendo sanación para la humanidad a través del poder y energía del dinero”, cobrarle a alguien por enseñarle a maniobrar una energía curativa inexistente es lisa y llanamente una estafa, de acá a Japón; sea cual sea la buena voluntad que exista entre timador y engañado. Y en los casi cien años que tiene esta ineficaz práctica, que se presenta a si misma como “sanadora de cualquier dolencia”, no ha logrado demostrar ni una sola cura de nada, limitándose a sospechas de un efecto placebo; que es algo así como el lugar en el banco de suplentes donde juntan polvo todos los jugadores que decían ser Maradona. ¿Posible ayuda a diez lucas verdes? ¡Takayama mentiroso!

Solo por hoy.

El desembarcar en el ideario norteamericano significó para el Reiki una rápida expansión y crecimiento, a costa de una degradación de principios y, finalmente, una desobediencia al “linaje sagrado” con que Takata quiso imponer su imperio; pronto surgieron distintas ramas, escuelas, maestros y asociaciones que se avinieron a modificar la cosa como se les vino en gana. Hasta que finalmente, como sospechábamos todos, apareció la ® de “registrado” al final de los nombres; demostrando una vez mas que la única energía inconmensurable es la codicia.
El Reiki es hoy, mayoritariamente, apenas poco más que un misticismo fácil para amas de casa, que a diferencia de otras disciplinas japonesas, requiere antes de una tarjeta de crédito que de esfuerzo o conducta; y que por supuesto, concluye necesariamente sintonizando a su “doctrina” y “practicantes” con toda superficialidad new age que “maneje” energías: Fengh-Shui, radiestesia, piedras energizantes, etc., porque es ley que los charlatanes vivan autorreferenciándose para mantener la clientela.
Recibir un “tratamiento” de “terapia” Reiki para “sanar” de una enfermedad puede costarle desde media docena de huevos a $ 40, pero si prefiere que abran sus chakras para curarse a los demás y usar los huevos para una tortilla, el precio asciende a U$S 150; U$S 500 si quiere sanar a su suegra sin que venga a casa y U$S 10.000 si cree que es tan listo como para encontrar dos o tres tontos que estén dispuestos a pagar lo mismo que usted por una casilla de peaje... en la fantástica autopista energética universal.
La ética Reiki está compuesta de un puñado de sugerencias que Mikao propone seguir solo por hoy; siendo un Servidor de la Luz y habiendo visto desde adentro de que va la cosa, presento a los futuros aspirantes esta humilde regla: Solo por hoy, usa la cabeza.

 

-Bibliografía.

Es casi nula la producción escrita de Reiki, y la muchas de las palabras citadas se han extraído del conocimiento oral trasmitido en enseñanza, aunque pueden encontrarse reflejadas en “Reiki, El Toque Curativo” o en “Reiki Tradicional Japonés” de King y Riggally, los folletos berretas con que The Reiki Alliance dota a sus alumnos o los del Centro Armonía (en Chile). De todos modos, para evitar suspicacias, pueden encontrarse las citas en la web en: The Reiki Alliance en español
Comunidad de Maestros de Reiki en España
Centro armonía (sede en Chile, pioneros en Argentina) y los links que en estas páginas se encuentran.

 

Fuente: ASALUP.org

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